ANIVERSARIO TRAGEDIA
Extraño silencio
Villada en el recuerdo. Se cumple un año del accidente ferroviario que acabó con la vida de siete personas
Hay situaciones en las que un simple tintineo puede convertirse en algo agradable al oído. Situaciones en las que un silencio, que casi se puede tocar, inunda todo aquello que contemplas a tu alrededor. La vida parece convertirse en una de esas películas mudas en las que una imagen se repite una y otra vez a la espera de que te levantes del sofá y pases la escena hacia adelante.Sin embargo, hay personas en Villada que, desde aquel trágico 21 de agosto de 2006, siguen buscando el mando del vídeo a la espera de que la tele cambie la horrible visión del amasijo de hierro en el que se convirtió el tren que cubría la línea Galicia-País Vasco.
Un año después del accidente ferroviario en la localidad palentina, que supuso la muerte de siete personas y causó secuelas físicas y psicológicas en cientos, hay escenas que son imborrables de ese film que ha pasado a formar parte de los sueños de algunos de los protagonistas de tan dantesca historia.
EN PRIMERA PERSONA. «No quiero ni puedo recordarlo» asegura Cayo Espinel, un nombre que pasará a la posteridad por su heroico gesto con los afectados del accidente.Este pastor escuchó el estruendo del tren cuando se disponía a dormir la siesta y en cuestión de segundos se encontraba a merced de los vagones, rompiendo los cristales para intentar sacar a las personas atrapadas entre los restos del Diurno A Coruña-Hendaya. «Rompimos la puerta y los cristales con la ayuda de un tubo y de los martillos que llevaban los obreros de Facundo. La mayoría de la gente estaba ida y muy asustada», recuerda Cayo Espinel. El caso de este vecino de las Viviendas de Renfe, colindantes a la zona donde ocurrió el suceso, ha trascendido gracias a los lazos que le unieron con Diego, la última víctima que falleció días después en el Hospital Río Hortega de Valladolid.
«Iba a ir a visitarle el mismo día que murió», rememora, mientras sus ojos denotan emoción al recordar el nombre del joven gallego. Y es que Espinel sacó al orensano de los amasijos de hierro. «Me decía que le quitara los cables, pero no tenía ninguno. Menos mal que no vio que debajo de él había un hombre degollado».
‘FACUNDO’. Hablar del accidente ferroviario de Villada, es recordar la labor humanitaria de la empresa Facundo. La firma palentina cuenta con una fábrica al lado de la estación de tren de la localidad. Gracias a esta disposición espacial hoy en día sólo hablamos de siete víctimas y no de cientos.Los trabajadores de la empresa pipera regresaban al trabajo cuando un estruendo les sobrecogió. Al instante, decenas de ellos intentaban por todos los medios rescatar a las personas de los maltrechos vagones. La propia empresa convirtió su zona de carga y descarga en un improvisado hospital de campaña donde el Servicio de Emergencias no daba abasto. «La labor del 112 fue muy rápida y funcionó a las mil maravillas», explica Vicente Villagrá, presidente de Facundo.
Hoy hace un año que la acción conjunta de trabajadores, miembros del 112 y vecinos hizo posible que el número de víctimas se quedara en siete y que Villada sea recordado como un pueblo donde, como dice el propio Villagrá, «el hombre demostró que también sabe ser bueno».
EXCESO DE VELOCIDAD. La versión ofrecida en el juzgado por parte del maquinista del convoy siniestrado puso de manifiesto que mantuvo en todo momento la hoja de ruta y actuó conforme al programa de señalizaciones ferroviarias. El conductor aseguró que la causa del accidente estaría en un posible error en la constatación del sistema informático del estado de señal de avanzada.
Además, el maquinista ratificó ante el juez que se rigió por las señales semafóricas junto a la estación, e insistió en que la señal era de luz verde, por lo que mantuvo la velocidad, que según el informe de la Guardia Civil y el Ministerio de Fomento era de 130 kilómetros por hora, aunque la velocidad prescrita para circular por una vía desviada es de 30 km/h.
El día del siniestro, el maquinista prestó declaración ante la Policía Judicial. Sus manifestaciones contradecían la investigación policial, que determinó que el conductor apretó el botón que indica el reconocimiento del aviso. En consecuencia, tendría que haber reducido su velocidad a los 30 kilómetros hora estipulados y no a la velocidad anteriormente indicada. Esta misma hipótesis fue ratificada por la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y por el presidente de Renfe, José Salgueiro.

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